Autoantónimos
Por Arturo Ortega Morán

Opuestos
Cuando tú dices: “yo huelo feo”, esto puede interpretarse de dos maneras opuestas: El fétido olor puede emanar de ti para incomodidad de los que te rodean, o bien, puede surgir de otro lado y ser tú quien lo percibe. A este tipo de palabras que generan ambigüedad por significar ideas contrarias, he propuesto que las llamemos autoantónimas.
Lo mismo ocurre con los verbos rentar, alquilar y arrendar. Si tú rentas una casa, arriendas un auto o alquilas una lancha; no se sabe si los objetos son de tu propiedad y los pones a disposición de alguien más a cambio de una módica suma, o bien, tú pagas la módica suma para que el dueño los ponga a tu disposición.
Hurgando en el diccionario, podemos encontrar más autoantónimos. Uno que sorprende es la palabra huésped, que significa ´el que se hospeda´, pero con sorpresa, encontramos que también se define como ´el que hospeda´.
De igual naturaleza es la palabra nimiedad que es una ´pequeñez, cosa sin importancia´, pero que también puede significar lo contrario: ´cosa importante´.
Uno más, es el verbo enervar, que en su origen significa ´debilitar, relajar´. Así, podemos encontrar expresiones como: ´Aquí estoy, enervado (es decir, relajado), disfrutando de la música´. Pero, por el influjo del francés, en el siglo XIX esta palabra pasó a significar lo contrario, como cuando dices: ´me enerva(es decir, me irrita) escuchar la verborrea de los políticos´.
Tenemos también friolera, que puede significar ´cosa de poca monta o poca importancia´; pero además, podemos usarla para referirnos a ´una gran cantidad, normalmente de dinero´.
Habiendo aprendido del tema, ¿cómo les suena ahora esta expresión?: ´Huelo feo, porque huelo feo´. ¿Será acaso una redundancia?…
Cerramos aquí la cápsula, pero no el tema; porque seguro existirán más de esas palabras que son antónimas de sí mismas, y que a falta de un nombre, aquí hemos propuesto que se llamen autoantónimas.