La inmortalidad del cangrejo

Por Arturo Ortega Morán

Hay momentos en que ideas inquietantes nos atrapan, nos confunden  y nos desconectan de lo que ocurre a nuestro alrededor. La vista perdida y quizá la boca abierta, hacen que los demás noten nuestro estado y digan de nosotros que estamos pensando en la inmortalidad del cangrejo. Lo cierto es que, en esos estados de ausencia, podemos estar pensando en cualquier cosa menos en la “dizque” inmortalidad de este crustáceo de diez patas; y eso da paso a la pregunta: ¿de dónde surgió tan enigmática expresión?

De la antigua raíz *kar, que encierra el concepto de dureza, para nombrar a este bicho de caparazón duro, en griego se dijo karkino y en latín cancer que en castellano pasó a ser  cangrejo. En el argot de la medicina se ha conservado la palabra latina “cáncer” (solo le agregamos el acento) para nombrar a esos malignos tumores que parecen tener patas y que en su forma recuerdan al crustáceo. También es nombre de una constelación, un grupo de estrellas que a los antiguos les recordó la misma forma. La raíz *kar (dureza), aunque quiere esconderse,  también la encontramos en el sufijo “cracia” que forma palabras asociadas al poder como: aristocracia, democracia, etc. De la familia también es el nombre griego Pancracio, que significa ´todo el poder o toda la fuerza´.

Bueno, después de este paseo etimológico, volvamos con el cangrejo: de estos animalitos hay cerca de 4000 especies, cuyos tamaños varían desde tiernas miniaturas hasta monstruosos cangrejos marinos, como el gigante japonés ´Macrocheira kaempfer´, que pesa cerca de 20 kilos y alcanza una extensión de hasta cuatro metros. La creencia popular, da por hecho que los cangrejos caminan hacia atrás y por eso se han acuñado frases como “ir para atrás como el cangrejo”, que se dice cuando la situación de una persona, empresa o proyecto va de mal en peor. Aunque en realidad ellos caminan de ladito, ¡ah!, pero eso sí, con mucho estilo.

En su proceso normal de crecimiento, estas criaturas, cuando ya no caben en su armadura, literalmente se la quitan para formarse otra a la medida. Esta cualidad generó la creencia de que, cada que lo hacían, volvían a renacer y por lo tanto eran candidatos idóneos para la inmortalidad. Después, algún “genio” del que ya se ha perdido memoria, se jactaría de haber descubierto el secreto de la vida eterna del cangrejo al llegar a la siguiente conclusión:

“Si lo normal es que caminando hacia adelante nos hacemos viejos, entonces caminando hacia atrás podríamos engañar al tiempo y mantenernos eternamente jóvenes, así como lo hace el cangrejo”.

¡Vaya!, como si la vida fuera una película a la que podemos darle “rewind”.

Tan antigua es esta ridícula idea, que Shakespeare la usó en Hamlet. En dicha obra, en un diálogo con Polonio, reflexionando sobre la vejez Hamlet le dice:

“…porque al fin, vos seríais sin duda tan joven como yo, si os fuera posible andar hacia atrás como el cangrejo”.

Desde luego que esta afirmación ha “sacado de onda” a más de uno a través de los siglos y, como cualquier idea que llena de nudos el entendimiento, a quien se ha enredado en ella lo deja con la vista perdida, la boca abierta y hasta puede que por ahí una baba escurriendo.

De ahí ha quedado que, de quien está en tal estado, se diga que está pensando en la inmortalidad del cangrejo.

FIN

 Aquí el impresionante momento en que un cangrejo cambia de “carrocería”

 


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