Cápsulas de lengua

Azafata

Publicado en Mundo hispanohablante por Arturo Ortega Morán en Abril 21, 2008

Por Arturo Ortega Morán

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Entre las palabras árabes que llegaron a la Península Ibérica, “sáfat”, nombraba a un cestillo que usaban las mujeres para poner sus perfumes y objetos para su arreglo personal. Con el paso del tiempo, la palabra se integró al castellano, pero con la forma: “azafate”.

A alguien, de quien ya no se guarda memoria, se le ocurrió que “azafata” era buena palabra para nombrar a las damas que, en un azafate, llevaban las vestimentas y alhajas de la Reina.  En el Diccionario de (1726), se leía: “Azafata: Oficio de la Casa Real, que sirve una viuda noble, la cual guarda y tiene en su poder las alhajas y vestidos de la Reina, y entra a despertarla con la Camarera mayor, y una señora de honor, llevando en un azafate el vestido y demás cosas que se ha de poner la Reina. Llámase azafata por el azafate que lleva y tiene en las manos mientras se viste la Reina”.

Por siglos, reinas se fueron y reinas vinieron, y las azafatas seguían ahí, con su azafate en las manos. Sucedió que los vientos de la democracia empezaron a soplar, y poco a poco, fueron desvaneciendo a las familias reales; en muchos casos desapareciéndolas, y en otros, despojándolas de rancios esplendores. Las azafatas tuvieron que desaparecer, y la voz “azafata”, de pronto se encontró “desempleada” convirtiéndose en un arcaísmo.

La suerte de “azafata”, cambió un día del año 1936. César Gómez Lucía, ejecutivo de una línea aérea española, al ver a las damas que con charola en mano atendían a los pasajeros en los aviones, recordó la vieja historia y las llamó “azafatas”. Así, volvió a la vida a esta palabra que aún usamos para referirnos a las damas que nos asisten en los vuelos.

 

 

 

 

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