América; al rescate de un nombre

Por Arturo Ortega Morán

 

A todos nos contaron que el continente América, tomó nombre en honor de Américo Vespucio, navegante y cartógrafo italiano quien primero entendió que la tierra a la que llegó Colón, era un continente desconocido para los europeos y no las Indias como pensó el almirante. Nunca pusimos en duda esta historia, se escucha tan creíble que es lógico que nuestras neuronas se sacudan cuando alguien nos dice que las cosas no fueron así.

 

   

  

 

América, primer mapa 1507

América, primer mapa 1507

En 1507, el cartógrafo alemán Martín Waldseemüller, publicó

Cosmographiae Introductio, en la que se incluyó por primera vez un mapa del Nuevo Mundo y por primera vez con el nombre de América. Entusiasmado por el descubrimiento, y creyendo que Vespucio había sido el descubridor, en un párrafo comenta que no está mal que el nuevo continente lleve el nombre de Americu Vespucci. En la historia oficial, se entiende que ésta es el acta de bautizo de nuestro continente y de ahí la historia que siempre nos han contado. No obstante, el mismo Waldseemüeller cayó en cuenta de que las cosas no eran como él las había interpretado y, en 1513, trató de echar para atrás su propuesta y al referirse a nuestro continente, lo llamó “Tierra incógnita”. Pero, ya era demasiado tarde, en todos los países se siguió hablando de América.

 

 

En 1874, el investigador francés Jules Marcou, lanzó la hipótesis de que el nombre América deriva de Amerrique, nombre que daban los amerígenas a una región de lo que ahora es Nicaragua (el lugar aún existe y conserva el nombre). Este sitio fue visitado por Colón y, posteriormente, por una expedición al mando de Alonso de Hojeda, en la cual también iba Amerigo Vespucci en calidad de subalterno.

 

 

 

Firma de Alberico Vespucci

Firma de Albericus Vesputios

Ya son varias las voces que defienden la idea de que los peninsulares difundieron el nombre de América porque se despertó la expectativa de que ahí abundaba el oro, y poco a poco el nombre se extendió en las conversaciones coloquiales de los aventureros. Cuando Waldseemüller  entró en escena, muy probablemente sabía de América, el nombre que corría de boca en boca y supuso que se debía a Amerigo, por lo que en su obra sólo dio aprobación a su interpretación.
Hay hechos que soportan esta tesis: uno de ellos es que si el Nuevo Mundo hubiera tomado nombre de Amerigo Vespucci, el continente se hubiera llamado Vespucia o algo así, ya que en ese tiempo los apellidos eran los que se usaban para dar reconocimiento a los descubridores (vgr: Canal de Magallanes, Mar de Cortés, Puente de Alvarado, etc.).
 
 
 

 

 

Otro hecho es la acentuación esdrújula de la palabra América, que no coincide con la acentuación llana de Amerigo. Si a esto le agregamos que Vespucio firmaba sus cartas con el nombre Albericus, pues ahora si que se enreda más el asunto y da más leña a quienes quieren quemar la idea de que este personaje dio nombre al continente.

Si todo es como ahora parece ser, el nombre América es una herencia de los amerígenas de Centroamérica, que algunos especialistas dicen que en maya significa “Lugar de los vientos”; aunque el Dr. Juan Luna Cárdenas, defendió la tesis de que es una voz aztekatl-Nikira que significa “lugar de grandes abismos y aguas profundas”. Hace notar que la raíz aparece en el topónimo mexicano Amekatl (gran barranco de agua), al incluir la partícula “ikak” que significa “cosa vertical” y encarece la idea de profundidad,  se obtiene “Ametlikak”.

 

En Aztekatl-Nikira, lengua del clán aztekatl que habitó en la región de Nicaragua, el fonema “tl” pasó a “r”; de modo que Ametlikak pasó a ser Amerikak, nombre que describe la topografía de aquel lugar en toda su realidad y belleza.

No creo que éste sea un tema acabado; aún falta una prueba definitiva para aceptar el origen amerígena del nombre de nuestro continente. Habría que encontrar un texto anterior a 1507 en donde se hable de Amérrike, América o algo similar para referirse a estas tierras; y hasta donde sé, aún no se ha encontrado. No obstante, es una historia que no suena hueca y que nutre a nuestro anhelo de iluminar a esa, nuestra otra mitad, injustamente oscurecida.

 

 

 

 

 

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One Comment on “América; al rescate de un nombre”

  1. bill kaulitz dice:

    ich bin nich ich


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