Palabras de casa
Por Arturo Ortega Morán
En la antigua sociedad romana, los grandes señores vivían en los domus, que eran grandes mansiones dignas de su rango. La palabra se relaciona con dominus nombre en latín para el amo, el gran señor, el que tenía el poder. De ahí se derivaron otras voces que guardan este concepto, como: dominar, domar, domesticar por mencionar algunas.
Del domus, que era la gran mansión, en castellano apenas han quedado rastros en la palabra domicilio, que era el lugar en donde estába el domus, y ahora la casa. También en doméstico, que es todo lo relativo al hogar.
La mayoría de la población, que no tenían la suerte de ser grandes señores, se conformaban con vivir en casas, que así llamaban a las moradas austeras. Esta palabra deriva del griego kasa y en su origen significaba “lugar cubierto”. La recibimos en el castellano prácticamente sin alteración.
Hay un dicho popular que reza: “El casado, casa quiere”. Aunque parece un juego de palabras, la verdad es que hay mucho de cierto. En su contexto original, a los casados se les dijo así porque ponían una casa para formar una nueva familia.
Del verbo latino manere, que significaba permanecer, nació la palabra mansio, con el significado de casa donde se para a descansar. De ahí, en castellano se derivaron dos palabras: mesón que por mucho tiempo fue un lugar en el que, por poco dinero, los viajeros podían pasar la noche. En otro extremo surgió la voz mansión, que ahora significa una casa muy grande y elegante; aunque también usamos residencia, para indicar lo mismo; a pesar de que esta palabra no significa otra cosa más que: lugar en el que se reside.
Sin duda, nuestra casa es el lugar en el que reposa nuestro cuerpo y también nuestro espíritu; y otros nombres que le damos encierran

Hogar, dulce hogar...
este concepto. La llamamos vivienda porque ahí vivimos; la llamamos morada porque ahí moramos. Pero el lenguaje, ha dejado vivir a otra palabra que nos recuerda que una casa es mucho más que los muros y el techo, nos referimos a hogar, voz que conserva la calidez de su origen.
Antes, el fogar era ese lugar de la casa en donde se encendía el fogón para protegerse del frío. La f se enmudeció y después se dijo hogar. Después, la palabra pasó a designar a toda la casa y por eso ahora la usamos aunque ya no tengamos una chimenea. Pero para que un hogar lo sea, no debe faltar ese calorcillo que ahora emana de una armoniosa vida familiar.