Hecha la ley, hecha la trampa
Por Arturo Ortega Morán
Vivir en sociedad, nunca ha sido fácil. Somos tan egoístas que por tal de conseguir lo que queremos, no nos importa llevarnos de encuentro los derechos de los demás. Tratando de evitar el caos, se han inventado leyes que buscan pintarle la raya a nuestro egoísmo y así proteger a los unos de los otros. No obstante, ese poderoso ego que nos gobierna, siempre encuentra la forma de salir bien librado y… apenas nace una ley, no falta quien discurra la manera de violarla legalmente.
De esta recurrente realidad, el lenguaje popular ha acuñado la expresión: hecha la ley, hecha la trampa, para hacer notar el oscuro esfuerzo intelectual que busca violentar el espíritu de las normas.
Al indagar sobre este dicho, encontré que es ampliamente conocido tanto en España como en Latinoamérica. Entonces recordé que Cervantes decía que los refranes son sentencias cortas que surgen de experiencias largas. Esto es una promesa de que, tras de cada uno, hay una historia esperando a ser contada.
Por ser de extracción popular, es muy poco probable encontrar lugar y momento exacto en que se originó un refrán. Sin embargo, con un poco de suerte, podemos llegar a conocer algunos antecedentes.
Lo primero que encontré al escarbar en el pasado del refrán que nos ocupa, es que en 1734, el primer Diccionario de la Real Academia Española, el llamado Diccionario de Autoridades, ya registra la expresión y dice:
“Hecha la Ley, hecha la trampa: Frase con que se explica, que el aumentar nuevas leyes, especialmente en el comercio y trato, suele dar ocasión para que discurran maliciosamente trampearlas, o evadirse de la carga que imponen”.
Otro hallazgo interesante fue encontrar que, en Filosofía antigua poética (1596), Alonso López Pinciano escribió:
Las leyes justas moderaron esta demasía y ordenaron que ningún cómico traxesse a la acción nombre particular de hombre alguno por los escándalos que dello resultavan, y como, hecha la ley, se inventa la malicia; la inventaron algunos poetas poniendo en sus escritos los propios nombres de los que querían reprehender fuera de las acciones y representaciones.
Encontré además que en antiguo, se habló también de La ley de la trampa; expresión relacionada y que el Diccionario de Autoridades de 1734 definía:
“Ley de la trampa: Expresión jocosa, que vale enredo, embuste o engaño, executado con apariencia de conformidad con la Ley”.
Un uso de la expresión, se encuentra en un texto que Mateo Alemán escribió en 1599:
Que abriesen los ojos a quién lo daban, cómo y en qué lo distribuían; que era dinero ajeno de que se les había de tomar estrecha cuenta. Nadie se duerma, todo el mundo vele: no quiera pensar hallar la ley de la trampa ni la invención de la zancadilla para defraudar un maravedí, que sería la sisa de Judas.
De tiempos más recientes, Sebastiá Famés en Paremiologia catalana comparada, comenta que en catalán se usan expresiones con el mismo sentido: Feta la llei, feta la trampa y Llei nova, trampa nova.
También nos dice que en Italia existe la expresión: Fatta la legge, pensata la malizia. Es interesante observar el parecido de la expresión italiana a la castellana de 1596: Hecha la ley se inventa la malicia.
Esto nos hace pensar que ya en la cultura romana, debió usarse una expresión similar. De ahí se derivarían las que hemos mencionado.
Hecha la ley, hecha la trampa… ahora sabemos que es un refrán antiguo que tristemente aún tiene vigencia y que su origen, está en la ancestral tendencia humana a la corrupción.
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