1. Yo, robot – Isaac Asimov
2. Alicia en el país de las maravillas – Lewis Carroll
3. El lobo estepario – Herman Hesse
4. Los intereses creados – Jacinto Benavente
5. Cien años de soledad – Gabriel García Márquez
6. El conde Drácula – Bram Stoker
7. Crónicas Marcianas – Ray Bradbury
8. El viejo y el mar – Ernest Hemingway
9. En busca del tiempo perdido – Marcel Proust
10. En ángel Subterráneo – Jack Kerovac
11. La montaña mágica – Thomas Mann
12. La novela de un novelista – Armando Palacio Valdéz
13. Sangre y arena – Vicente Blasco Ibáñez
14. El tirano Banderas – Ramón del Valle Inclón
15. Lord Jim – Joseph Conrad
16. Historia universal de la infancia – Jorge Luis Borges
17. Las sandalias del pescador – Morris West
18. Diez negritos – Agatha Christie
19. El tercer ojo – Lobsang Rampa
20. Zalacaín el aventurero – Pío Baroja
21. A sangre fría – Truman Capote
22. La noche de los tiempos – René Barjavel
23. Los tres mosqueteros – Alejandro Dumas
24. La comedia humana – Fedor Dostoievsky
25. Rebelión en la granja – George Orwell
Intereante manera de aumentar el conocimiento. Me parece muy bien. Aunque los nombres de los autores se nos fijan, leyendo sus obras y conociendo su biografía.
Citas, hechos, percepción
Eduardo R. Huchim
20 Dic. 11
Con frecuencia –ya se sabe– la percepción posee igual o mayor relevancia que la realidad. Y a veces, por razones no muy claras, versiones inexactas de hechos y dichos anidan en la mente pública, vuelan, se repiten y finalmente quedan como verdades. Aunque de tiempo en tiempo aparezcan las versiones correctas, éstas no logran, pese a su contundencia, disipar el velo que las oculta.
De esta fatalidad prácticamente nadie se salva. Por ejemplo, es célebre la frase “Tócala otra vez, Sam”, que se atribuye a Humphrey Bogart en una escena de Casablanca, pero en realidad ni Bogart ni Ingrid Bergman, su coprotagonista, pronuncian nunca esa frase, si bien así se llamó una cinta de Woody Allen: Play it again, Sam, y esta frase sí figura en una película de los hermanos Marx: Una noche en Casablanca. Lo que en realidad dice Bogart en la cinta es, simplemente, “Play it”.
En la vida real también se dan las confusiones. Ahí está el caso de Humberto Roque Villanueva, el legislador captado en plena Cámara haciendo una señal obscena que no lo era aunque lo pareciera. Varios testimonios han desmentido la supuesta obscenidad de su gesto, pero ha sido inútil. Sin remedio, la “roqueseñal” acompañará para siempre a su presunto autor.
Más recientemente (25 de noviembre), cuando se discutía un proyecto en el TEPJF, el magistrado Salvador Olimpo Nava Gomar expresó literalmente: “Decía el Canciller Bismarck que los pueblos no deberían de saber ni cómo se hacen las leyes ni las salchichas. Las salchichas porque no se las comerían y las leyes porque no las obedecerían”.
El magistrado usó la metáfora para enfatizar que la transparencia debe prevalecer y su postura reclama coincidencia, pero no así la metáfora, porque la cita de las leyes y las salchichas, generalmente atribuida al Canciller alemán, no le pertenece en realidad. El origen documentado de tal dicho es un artículo de John Godfrey Saxe publicado en 1869 en el The Daily Cleveland Herald y, al parecer, fue en los años 30 del siglo 20 cuando, por razones que al menos yo ignoro, comenzó a atribuirse a Bismarck.
A Bertolt Brecht suele adjudicársele el relato aquél en que los nazis fueron llevándose sucesivamente a comunistas, gitanos, judíos, sin que quien lo cuenta hiciera nada. En realidad el relato es original de Martin Niemöller, un pastor luterano de la Alemania nazi y quien, incluso, apoyó en sus principios la política de Hitler pero luego se opuso y fue a dar a Dachau. Su poema dice así:
“Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,/ guardé silencio,/ porque yo no era comunista./ Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,/ guardé silencio,/ porque yo no era socialdemócrata./ Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,/ no protesté,/ porque yo no era sindicalista./ Cuando vinieron a llevarse a los judíos,/ no protesté,/ porque yo no era judío./ Cuando vinieron a buscarme,/ no había nadie más que pudiera protestar”.
Y aunque usted no lo crea, el refrán “Ladran, Sancho, luego cabalgamos”, que se atribuye a “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha”, de Miguel de Cervantes, no aparece en ninguna parte de ese libro. Según el escritor Arturo Ortega Morán, el origen es el poema “Ladrador” de Goethe: “Pero sus estridentes ladridos/sólo son señal de que cabalgamos”. Y algo semejante ocurre con el célebre “Elemental, mi querido Watson”, que presuntamente pronuncia Sherlock Holmes, pero que no figura exactamente así en ninguna de las obras de Arthur Conan Doyle.
A Les Luthiers se les atribuyen frases muy simpáticas y muy a tono con su estilo, como éstas: Si la montaña viene hacia ti, ¡corre… es un derrumbe!; lo importante no es ganar…sino hacer perder al otro; errar es humano, pero echarle la culpa a otro es más humano todavía; la inteligencia me persigue, pero yo soy más rápido; lo triste no es ir al cementerio, sino quedarse en él; tener la conciencia limpia es señal de mala memoria; hay un mundo mejor, pero es carísimo; si un pajarito te dice algo… debes estar loco, pues los pájaros no hablan; el que quiera celeste, que mezcle azul y blanco.
Pues resulta que, hilarantes y todo, las ingeniosas frases no son del grupo musical argentino. Una página semioficial de internet niega su autoría de esas y otras citas, a cual más risibles.
Y bueno, crea usted todo lo aquí escrito… mientras no haya versiones más creíbles. ¡Feliz Navidad!
"En un lugar de la cancha...", es un libro de futbol que ya está en el horno.Escribimos @rgomezjunco @comodijo otros amigos y yo. Ya mero...~~~~12 hours ago
Las palabras parecen planas, en el papel muestran un largo y un ancho; pero en una dimensión que no se ve, guardan una profundidad en donde se ocultan deliciosas historias esperando a ser contadas...
1. Yo, robot – Isaac Asimov
2. Alicia en el país de las maravillas – Lewis Carroll
3. El lobo estepario – Herman Hesse
4. Los intereses creados – Jacinto Benavente
5. Cien años de soledad – Gabriel García Márquez
6. El conde Drácula – Bram Stoker
7. Crónicas Marcianas – Ray Bradbury
8. El viejo y el mar – Ernest Hemingway
9. En busca del tiempo perdido – Marcel Proust
10. En ángel Subterráneo – Jack Kerovac
11. La montaña mágica – Thomas Mann
12. La novela de un novelista – Armando Palacio Valdéz
13. Sangre y arena – Vicente Blasco Ibáñez
14. El tirano Banderas – Ramón del Valle Inclón
15. Lord Jim – Joseph Conrad
16. Historia universal de la infancia – Jorge Luis Borges
17. Las sandalias del pescador – Morris West
18. Diez negritos – Agatha Christie
19. El tercer ojo – Lobsang Rampa
20. Zalacaín el aventurero – Pío Baroja
21. A sangre fría – Truman Capote
22. La noche de los tiempos – René Barjavel
23. Los tres mosqueteros – Alejandro Dumas
24. La comedia humana – Fedor Dostoievsky
25. Rebelión en la granja – George Orwell
Intereante manera de aumentar el conocimiento. Me parece muy bien. Aunque los nombres de los autores se nos fijan, leyendo sus obras y conociendo su biografía.
Saludos.
Hola, dejo una pequeña correción al listado anterior, aunque no los leí a todos:
24 – La comedia humana – Honoré de Balzac
26 – Los Hermanos Karamazov – Fedor Dostoievsky
muy bueno, unos los descubri enseguida, otros costaron un poco mas, y despues recurri a la lista de carlos ja ja
Citas, hechos, percepción
Eduardo R. Huchim
20 Dic. 11
Con frecuencia –ya se sabe– la percepción posee igual o mayor relevancia que la realidad. Y a veces, por razones no muy claras, versiones inexactas de hechos y dichos anidan en la mente pública, vuelan, se repiten y finalmente quedan como verdades. Aunque de tiempo en tiempo aparezcan las versiones correctas, éstas no logran, pese a su contundencia, disipar el velo que las oculta.
De esta fatalidad prácticamente nadie se salva. Por ejemplo, es célebre la frase “Tócala otra vez, Sam”, que se atribuye a Humphrey Bogart en una escena de Casablanca, pero en realidad ni Bogart ni Ingrid Bergman, su coprotagonista, pronuncian nunca esa frase, si bien así se llamó una cinta de Woody Allen: Play it again, Sam, y esta frase sí figura en una película de los hermanos Marx: Una noche en Casablanca. Lo que en realidad dice Bogart en la cinta es, simplemente, “Play it”.
En la vida real también se dan las confusiones. Ahí está el caso de Humberto Roque Villanueva, el legislador captado en plena Cámara haciendo una señal obscena que no lo era aunque lo pareciera. Varios testimonios han desmentido la supuesta obscenidad de su gesto, pero ha sido inútil. Sin remedio, la “roqueseñal” acompañará para siempre a su presunto autor.
Más recientemente (25 de noviembre), cuando se discutía un proyecto en el TEPJF, el magistrado Salvador Olimpo Nava Gomar expresó literalmente: “Decía el Canciller Bismarck que los pueblos no deberían de saber ni cómo se hacen las leyes ni las salchichas. Las salchichas porque no se las comerían y las leyes porque no las obedecerían”.
El magistrado usó la metáfora para enfatizar que la transparencia debe prevalecer y su postura reclama coincidencia, pero no así la metáfora, porque la cita de las leyes y las salchichas, generalmente atribuida al Canciller alemán, no le pertenece en realidad. El origen documentado de tal dicho es un artículo de John Godfrey Saxe publicado en 1869 en el The Daily Cleveland Herald y, al parecer, fue en los años 30 del siglo 20 cuando, por razones que al menos yo ignoro, comenzó a atribuirse a Bismarck.
A Bertolt Brecht suele adjudicársele el relato aquél en que los nazis fueron llevándose sucesivamente a comunistas, gitanos, judíos, sin que quien lo cuenta hiciera nada. En realidad el relato es original de Martin Niemöller, un pastor luterano de la Alemania nazi y quien, incluso, apoyó en sus principios la política de Hitler pero luego se opuso y fue a dar a Dachau. Su poema dice así:
“Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,/ guardé silencio,/ porque yo no era comunista./ Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,/ guardé silencio,/ porque yo no era socialdemócrata./ Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,/ no protesté,/ porque yo no era sindicalista./ Cuando vinieron a llevarse a los judíos,/ no protesté,/ porque yo no era judío./ Cuando vinieron a buscarme,/ no había nadie más que pudiera protestar”.
Y aunque usted no lo crea, el refrán “Ladran, Sancho, luego cabalgamos”, que se atribuye a “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha”, de Miguel de Cervantes, no aparece en ninguna parte de ese libro. Según el escritor Arturo Ortega Morán, el origen es el poema “Ladrador” de Goethe: “Pero sus estridentes ladridos/sólo son señal de que cabalgamos”. Y algo semejante ocurre con el célebre “Elemental, mi querido Watson”, que presuntamente pronuncia Sherlock Holmes, pero que no figura exactamente así en ninguna de las obras de Arthur Conan Doyle.
A Les Luthiers se les atribuyen frases muy simpáticas y muy a tono con su estilo, como éstas: Si la montaña viene hacia ti, ¡corre… es un derrumbe!; lo importante no es ganar…sino hacer perder al otro; errar es humano, pero echarle la culpa a otro es más humano todavía; la inteligencia me persigue, pero yo soy más rápido; lo triste no es ir al cementerio, sino quedarse en él; tener la conciencia limpia es señal de mala memoria; hay un mundo mejor, pero es carísimo; si un pajarito te dice algo… debes estar loco, pues los pájaros no hablan; el que quiera celeste, que mezcle azul y blanco.
Pues resulta que, hilarantes y todo, las ingeniosas frases no son del grupo musical argentino. Una página semioficial de internet niega su autoría de esas y otras citas, a cual más risibles.
Y bueno, crea usted todo lo aquí escrito… mientras no haya versiones más creíbles. ¡Feliz Navidad!
omnia08@gmail.com
Por si no lo has leido
Jose JUan