Del sabor al saber


E
n las noches de bohemia, una de las canciones que no pueden faltar es Sabor a mí, aquella que dice:

“…que yo guardo tu sabor, pero tú llevas también sabor a mí”.

Cuando Álvaro Carrillo la escribió, dio por hecho que las personas tenemos un sabor muy personal y…  esto suena bien pero puede que nos hagamos un lío si de pronto queremos decir a qué sabemos.

Suponiendo que tú sabes salado, ¿cómo dirías?: “yo sepo a sal”, “yo sabo a sal”, “yo sé a sal” o …¿será que ninguna de estas formas es correcta?

La respuesta la encontramos en la historia del verbo saber. En latín, el verbo era sapere con el significado de “tener sabor”. Tanta importancia daban los antiguos al sentido del gusto,  que pronto lo empezaron a usar en sentido figurado.  Por ejemplo, para decir  huele a chivo decían hircum sapere, aunque literalmente esto significa “sabe a chivo”.  Es algo así como ahora usamos el verbo “oler”, en expresiones como: “huele a que nuestro equipo va a ser campeón”.

La más hermosa metáfora nació cuando se habló de “ saborear las ideas ”. Entonces, “ sapere” también tomó el significado de “ tener conocimiento”. Después, nacieron  palabras como “ sapientia ” que es “ sabiduría ” y “ sapiens” que es “ sabio ”. En ambos casos, refiriéndose a la capacidad de conocer, discernir  y poseer buen juicio. Es decir, realmente lograr  “saborear” el conocimiento.

Al pasar al castellano, “ sapere” se convirtió en “ saber” y ya llegó a nosotros con su doble significado: “tener sabor ” y “tener conocimiento ”. Siendo el mismo verbo, entonces su conjugación debe ser la misma, sin depender del significado a que nos refiramos. De modo que si usted sabe salado, lo correcto es que diga … “yo sé a sal”.

Un buen chef, busca para sus comensales platillos que primero se antojen y después se disfrute al saborearlos. Los que somos educadores –y aquí cabemos padres y maestros-, deberíamos  tener muy presente la metáfora sabor-saber . No es mala idea que, como todo buen chef, nos esmeremos en preparar para nuestros hijos o alumnos “platillos de conocimiento” debidamente aderezados y adornados, para despertar en ellos el antojo de probarlos. Así, poco a poco, los jóvenes desarrollarán el placer de “saborear el saber”, placer que debidamente cultivado…  algún día podría convertirse en sabiduría.

Derechos Reservados © Arturo Ortega Morán

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9 comentarios on “Del sabor al saber”

  1. Rosa dice:

    Yo me quedo con la idea de “saborear las ideas” me ha encantado tanto la expresión y es tan visual que la adopto como “postre”.
    El artículo es breve y ameno.
    Rosa

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  2. Horacio dice:

    Excelente el articulo, entre tanta busqueda tiene que haber un sabor que les guste a mis alumnos para que se les antoje la lectura y este articulo es un ejemplo.

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  3. caren dice:

    Me encanta leerlo. Estoy casada con un Alemán y al comunicarnos en español, a veces nos surgen dudas del por qué de las palabras, el mejor ejemplo era que no sabía si estaba bien dicho “sé a sal” pero por fin hoy lo sé. 😉
    Saludos desde Alemania

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  4. Lalo coronado dice:

    Muchísimas gracias por resolver esta duda que tenía ya hace varios meses y que aunque no me quitaba el sueño, ni mucho menos el hambre, cada vez regresaba a mi esta, con mas frecuencia!
    Agradeceré también a Gomez Junco, ya que gracias a su twitter llegue a usted!

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  5. […] https://capsuladelengua.wordpress.com/2008/05/01/del-sabor-al-saber/ […]

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  6. Albert dice:

    Hola a todos, muy buena la creación de este blog. Y por fin aclaré esta duda, en varias ocasiones me había hecho la pregunta de como se diría esto. Interesante artículo, Gracias 😉

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  7. Claudia dice:

    Hola… Un caso parecido a la de la señora casada con el señor alemán, mi esposo es portugués pero ya tiene un manejo casi perfecto de nuestra lengua y hoy surgió la duda cuando estábamos hablando acerca del sabor de un té de frutos del bosque, el dijo : el otro día lo probé y no me supo nada al té negro. A mí me causó mucha risa la expresión, pero la verdad no sabía decirle si era o no correcta, le dije que yo lo hubiera expresado de la siguiente manera: el otro día lo probé y para mí no tenía sabor a té negro.
    Muchas gracias ! Me encantó la metáfora “saborear las ideas” 😉

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