Pareidolia

Por Arturo Ortega Morán

Pareidolia en los cielosLa historia del niño que alguna vez se divirtió buscando figuras en las nubes, puede ser la tuya, la mía o la de cualquiera. Una emoción especial, es descubrir en la amorfa nubosidad la imagen de un elefante, de un pato, de un fantasma o de una bailarina.

Esa cualidad, de arrancar imágenes familiares a las configuraciones caóticas, no nos abandona nunca. Cuando menos lo pensamos, en un techo manchado por falta de pintura de pronto se asoma y nos saluda una cara grotesca o reconocemos el perfil de un viejo conocido.

Cara en MarteEsta propiedad de nuestro cerebro, ha generado situaciones polémicas, como cuando en 1977; causó revuelo el «descubrimiento» de un rostro de piedra en una de las fotos de Marte, tomadas por el Viking 1; se trata, sin duda, de una formación natural, pero muchos la tomaron como clara evidencia de la existencia de una supuesta civilización extraterrestre.


También, con cierta frecuencia corren noticias de que la Virgen o el rostro de Cristo, se han aparecido en un comal, en una tortilla quemada, en un trozo de madera o en un muro despintado. Todo esto es explicable por este efecto, tan de nosotros, que se llama pareidolia.


Su etimología, claramente griega, se deriva de «eidolon» que significa ‘imagen’ y el prefijo «par» que significa ‘junto a’. Así que la idea implícita es: «imagen adjunta», una imagen que nuestro inquieto y travieso cerebro… se encarga de crear.




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