Velcro

Por Arturo Ortega Morán

Hay veces que las historias entran por los pies. Así me pasó una vez que caminaba por una calle, sin la menor sospecha de que me esperaba un espinoso encuentro. Primero me topé con un perro con cara de pocos amigos, que no escondía su proyecto de morderme en cuanto me acercara lo suficiente.

No había razón para correr riesgos con ese can que me dio mala espina, así que mejor le saqué la vuelta; con tan mala suerte que fui a pisar un matorral de cadillos, éste sí de “mala espina”, porque de inmediato sentí que en mi tobillo se clavaban mil agujas.

¡Qué ironía! Escapar de un perro para ir a caer en las garras de una jauría de “perrillos”, es que han de saber que “cadillo” viene del latín “catellus” que precisamente significa “perrillo” y ahora ya sé porqué.

Dispuesto a olvidar el espinoso momento, busqué un lugar para ir arrancando, uno por uno, esos cadillos que se aferraban como sanguijuelas a mis calcetines. Fue entonces que recordé a Georges de Mestral, aquel ingeniero suizo que en 1941 también fue víctima de los “perrillos” o “cadillos”, que ahora sabemos que son lo mismo.

 La diferencia fue que Mestral abrió espacio a su curiosidad y se preguntó: ¿cómo le harán estos “infelices” para aferrarse tanto a la ropa? Observando al microscopio, supo que los cadillos están formados por una serie de prolongaciones en forma de minúsculos ganchos.

No dejó ahí las cosas y decidió imitar a la naturaleza. Buscó la forma de crear una doble tira de nailon compuesta por una cinta cubierta de pequeños ganchos y otra de un tejido piloso para favorecer el agarre.

Así fue que nació el velcro, que Mestral patentó en Suiza en 1951. El propio inventor dio nombre a su producto y lo llamó “velcro”, nombre que acuñó tomando las tres primeras letras de las palabras francesas: VELorus(terciopelo) y CROchet (gancho).

Impresionante fue el éxito de este producto que ahora se usa en todo el mundo en infinidad de aplicaciones, como: cierres para ropa, broche de zapatos, en juguetes, en forros de muebles y hasta en aplicaciones espaciales.

No cabe duda de que el ejemplo de Georges de Mestral es muy inspirador. Mientras todo el mundo ante un ataque de cadillos se limita a desahogarse con gritos e improperios, él decidió convertir el mal momento en una oportunidad de conocimiento que a la postre lo hizo millonario.

Bueno, yo no fui tan listo como Mestral; pero al menos, de esta “espinosa experiencia”, saqué tema para escribir esta cápsula de lengua. Algo es algo… ¿no cree usted?


One Comment on “Velcro”

  1. GUILLERMO JESTER dice:

    SÚPER!!! Algo tan común en nuestros días, que tenga un antecedente de este tipo, a cualquiera le provoca sorpresa, y lo mejor, que alguien como el autor, nos comparta el conocimiento, en este caso de lo ordinario, que nadie se lo imagina, ENHORABUENA!

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