La batuta

Por Arturo Ortega Morán

Este artículo es propiedad del Instituto Cervantes. Fue publicado en la Sección Rinconete 20/dic/2004

Cuando vayas a un concierto, deja que tus ojos desaparezcan a los músicos, a los instrumentos y al escenario. Enfócate en la imagen de la batuta que, cual bailarina irreverente, exige a la música que se someta a los caprichos de sus movimientos de matemática belleza. Entonces, tal vez, percibirás que lo único que no encaja es que se llame batuta. Esta es palabra ruda para nombrar tanta sutilidad y elegancia.

Sólo la historia puede explicarnos el porqué de tan tosca designación. En los conciertos, la presencia de un director se hizo necesaria al ser cada vez más los músicos que interpretaban las obras musicales. Los primeros directores, se auxiliaron de un largo bastón —medía cerca de dos metros—, el cual golpeaban sonoramente contra el suelo para marcar el compás y mantener el ritmo.

Para nombrar a aquellos bastones, en italiano nació la palabra batuta. En su raíz, está el verbo latino battere, cuyo sentido implícito es ‘golpear’. Aquí cabe decir, que del mismo verbo nacieron otras voces castellanas como: batalla, combatir, abatir, debatebatería. Todas ellas encierran, en su origen, el concepto de ‘golpear’.

Con especial curiosidad, vemos que batería primero se usó para denotar a los utensilios de cocina, ya que se fabricaban golpeando al metal. Y como normalmente se guardaban unos sobre otros, de ahí quedó que también se llamara batería, a cualquier conjunto de objetos apilados.

Pero volvamos con la batuta. El ruido del golpeteo, debió ser molesto para el auditorio. Al respecto, se cuenta que el filósofo francés Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) se quejaba del ruido que hacían las batutas, hasta el punto en que apenas se podía escuchar la música.

En otra anécdota, se asegura que el compositor de origen italiano Jean Baptiste Lully (1632-1687), subintendente de música, maestro de capilla del rey Luis XIV (1638-1715) y padre de la ópera francesa, murió a consecuencia de una herida gangrenada en el pie producida por un golpe que él mismo se dio con una de aquellas batutas.

Fue hasta después del siglo XVIII, que las viejas batutas redujeron su tamaño y cambiaron su primitiva danza sonora por su hoy danza etérea y silenciosa. Ahora que, para ser justos, no hay que olvidar que el espíritu de la batuta…  es el de la mano que la conduce.


2 comentarios on “La batuta”

  1. Arq. Jehú dice:

    Lo habitual, ahora, es que la batuta tenga el mismo tamaño que el brazo del director desde el codo hasta el dedo anular extendido, claro: sujeto al gusto personal. Se supone que la batuta es simplemente una extensión especializada de su brazo.

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