Azafata

Por Arturo Ortega Morán

Ahí donde viven las palabras, hay un lugar apartado al que llaman el rincón de los arcaísmos. Es el lugar de retiro para las palabras desechadas, las que sólo esperan ser olvidadas para pasar entonces al campo de las palabras muertas. En ese rincón, con una larga historia a punto de terminar, estuvo azafata.

Entre las palabras árabes que llegaron a la Península Ibérica,  sáfat nombraba a un cestillo que usaban las mujeres para poner sus perfumes y objetos para su arreglo personal. Con el paso del tiempo, la palabra se hizo castellana, pero con la forma: azafate.

En 1726, el Diccionario de Autoridades definía azafate como:

“Un género de canastillo llano texido de mimbres, levantados en la circunferencia en forma de enrejados quatro dedos de la misma labor. También se hace de paja, oro, plata y charol, en la forma y hechura referida”.

Alguien, de quien ya no se guarda memoria, pensó que azafata era buena palabra para nombrar a las damas que, en un azafate, llevaban las vestimentas y alhajas de la Reina. Así se leía en el Diccionario de Autoridades (1726):

Azafata: Oficio de la Casa Real, que sirve una viuda noble, la cual guarda y tiene en su poder las alhajas y vestidos de la Reina, y entra a despertarla con la Camarera mayor, y una señora de honor, llevando en un azafate el vestido y demás cosas que se ha de poner la Reina, las cuales va dando a la Camarera mayor, que es quien las sirve. Llámase azafata por el azafate que lleva y tiene en las manos mientras se viste la Reina”.

Por siglos, reinas se fueron y reinas vinieron, y las azafatas seguían ahí con su azafate en las manos. Llegó el tiempo en que los vientos de la democracia empezaron a soplar,  las familias reales se fueron desvaneciendo, en muchos casos desapareciendo y en otros, despojáronse de rancios esplendores. Las azafatas… tuvieron que desaparecer y la voz azafata de pronto se encontró “desempleada”. Fue cuando, muy a su pesar, hubo de retirarse al “rincón de los arcaísmos”.

La suerte de azafata, cambió un día del año 1936. César Gómez Lucía, ejecutivo de una línea aérea española, al ver a las damas que con charola en mano atendían a los pasajeros en los aviones, recordó la vieja historia y las llamó azafatas. Así, volvió a la vida a esta palabra.

Azafata ha dejado el rincón de los arcaísmos; con renovados bríos y revestida de un nuevo significado, ha vuelto con las palabras activas que acuden al llamado de quien busca dar cuerpo a una idea para decirla o escribirla. Un buen ejemplo de que la renovación puede salvarnos del olvido.

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SOBRECARGO

Un nombre alterno para azafata es sobrecargo; esta voz es herencia de las palabras del mar. Al menos desde el siglo XVIII, los sobrecargos eran personas que abordaban un barco para cuidar de algún lote de mercancías y era su responsabilidad que llegaran a puerto “sanas y salvas”. Se los llamó sobrecargos porque eran una carga adicional a la mercancía que custodiaban. En el siglo XX, se tomó como nombre alternativo para los encargados de atender a los pasajeros en los aviones.


3 comentarios on “Azafata”

  1. Elsa dice:

    Muy interesante y me gustría recibir muchas de estas palabras y expresiones. Muchas gracias. Elsa

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  2. Beatriz dice:

    Muchas gracias por seguir ayudándonos a comprender el origen de las palabras, sobre todo las arcaicas. Lo felicito por su cultura y conocimientos y que no duda en compartir con sus semejantes. Saludos

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