Santo y seña

Por Arturo Ortega Morán

“¡Juanita nos dio santo y seña de lo que pasó en la fiesta!”,  de esta afirmación, en México entendemos que la comunicativa Juanita contó con lujo de detalles todo lo que pasó en la pachanga. Pero ¿qué tiene que ver aquí un santo y de qué seña es la de que se habla?  Vamos a ver que dice la historia:

Muchas veces, en muchas guerras, debió suceder que al caer la noche, los casi siempre improvisados y nerviosos soldados eran traicionados por su instinto de conservación y, de cualquier sombra nocturnal, moldeaban en su mente a un enemigo y sin pensarlo dos veces arremetían contra él. Luego, cuando la luz del alba disipaba las sombras, ¡ups!, descubrían que a quien habían dado muerte era un desafortunado compañero.

Los genios militares, esos que hicieron de la guerra un arte, consternados –más por razones aritméticas que humanas-  por las bajas producidas por los errores nocturnos, pronto idearon un remedio para este problema.

Cada tarde, los jefes militares escogerían una palabra que a manera de señal secreta serviría para que, en las rondas nocturnas, los  soldados del mismo bando pudieran reconocerse. A esta palabra en la España medieval la llamaron el nombre, el cual decían que se “rompía” al amanecer. La táctica fue tan exitosa que pronto se generalizó y, la vocación religiosa de los ejércitos cristianos, los llevó a decidir que esta palabra secreta debería ser el nombre de algún santo. Así que, de llamarse “el nombre”, pasó a llamarse “el santo”.

Años después, buscando mayor seguridad y más eficiencia, se agregó una segunda palabra a la que llamaron “seña”. Así fue que se empezó a hablar de “el santo y seña“. Cuando dos grupos se encontraban, uno decía el santo, y el otro más valía que respondiera con la seña, que si no, se armaban los cocolazos. Muy ilustrativo es lo que escribió en 1826 Evaristo San Miguel, en Elementos del arte de la guerra:

 Una hora antes de anochecer mandarán todos los comandantes de los puestos un soldado al pabellón o casa del Primer Ayudante General, donde recibirán el santo firmado y cerrado por dicho jefe para entregarle al Comandante de la guardia respectivo. Este santo o esta palabra de señal se compone ordinariamente de dos partes conocidas la una con el peculiar de santo, y la otra con el de seña. Cada nación las adopta a su albedrío como signos puramente arbitrarios o convencionales. El comandante de la guardia no comunicará a ningún individuo, sino en caso necesario, el santo y seña que no será sabido más que del gobernador, ayudantes generales y jefes del batallón que da las guardias…”.

Del uso militar, la expresión pasó al lenguaje coloquial. Hoy se usa como sinónimo de contraseña en expresiones como: “Para poder entrar, tienes que dar el santo y seña”, acepción muy lógica, ya que es su significado original.

También se usa con el significado de símbolo, por ejemplo en “Pelé es el santo y seña del fútbol mundial”. Y es que, el “santo y seña”, de algún modo era un símbolo  para un grupo de personas que, aun sin conocerse, con solo intercambiárselo se reconocían como “de los mismos”.

En México, el uso coloquial más extendido es donde “dar santo y seña” vale por dar hasta el mínimo detalle, como lo hizo Juanita cuando contó los chismes de la fiesta. Este uso lo podemos explicar considerando que cuando se tomaba un prisionero, a este se le confesaba para que “soltara la sopa”. El “santo y seña” era lo último que un buen soldado confesaría, de modo que cuando lo hacía, era porque ya había revelado hasta el mínimo detalle…  había dado hasta elsanto y seña”.

Bueno, espero que les haya gustado esta historia de la que he intentado dar… santo y seña.


3 comentarios on “Santo y seña”

  1. Carlos González dice:

    Un gusto leerlo señor.
    Hay una palabra que era de mi padre de uso común: “alebrestar”, sólo la encontré en el diccionario de la RAE con significados de Colombia y El Salvador, “alborotarse”, “excitarse” o “estar ligeramente ebrio” que también acepto pero según yo recuerdo, el significado principal era “emancipar” como los revolucionarios, los adolescentes, los esclavos y los potros domados, ¿estoy en lo correcto?

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    • Octavio dice:

      estoy apenas encontrándome con tan interesantes temas de la lengua, algunas mas ligeras que otras, y con el toque cuzco que a menudo le da el autor de éstas líneas. Saludos. Un placer leerlo amigo.

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  2. Maria Garduño dice:

    Hola. ¿En algunas de las entradas de su blog se explica la frase: del año del caldo?. Gracias, que información más amena nos deja por aquí, saludos

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