Las paredes oyen

Por Arturo Ortega Morán

¡Qué difícil es guardar un secreto! Basta contárselo a alguien para que en poco tiempo, sea del dominio público. De nada sirve un “pero no se lo digas a nadie…”, porque todos tenemos por lo menos a un confidente con el que nos urge saborear lo recién sabido. Y así, de confidente en confidente…

Otro tipo de depredadores de los secretos, son los espías. Los hay por afición y también por profesión, pero siempre han existido y como buenos cazadores, en cuanto obtienen una presa se apuran para que los demás se enteren. Estas circunstancias han dado origen a la expresión “las paredes oyen”, con la que se advierte de lo vulnerable que son los secretos y que ninguna precaución sobra para mantenerlos a salvo.

La historia que se cuenta

Una historia muy difundida es que la locución tuvo origen en Francia, en la segunda mitad del siglo XVI, tiempo en que luchas religiosas asolaron a este país. Catalina de Médicis y el duque de Guisa, instigaron a los católicos a llevar a cabo una matanza de hugonotes (los seguidores de Calvino), esto ocurrió la noche del 24 de agosto de 1572; trágico suceso que la historia recuerda como La noche de San Bartolomé. Por el ambiente de intrigas palaciegas que se vivía, se cuenta que la reina Catalina mandó construir en las paredes de su palacio, conductos acústicos secretos para oír lo que se hablaba en las distintas habitaciones, y así, poder enterarse de cualquier conspiración en su contra. De ahí nacería decir que las paredes oyen.

Por mucho tiempo, esta historia se ha tenido por cierta y se ha contado a lo largo y ancho del mundo hispano. No obstante, yo no estoy de acuerdo… la reina Catalina vivió entre 1519 y 1589; y ya en 1438 , Alfonso Martínez de Toledo escribió la obra “Arcipreste de Talavera (Corbacho)”, donde en una parte, en castellano de la época, se lee:

Guarda tu lengua e non quieras mucho fablar, en público nin en secreto, de tu menor, ygual, e mayor, e espeçialmente de tu señor o rrey, que por secreto que tú el mal dixeres, guárdate que non pase alguna ave por el ayre bolando, que la lleve las nuevas. Por tanto se dize: Guarda qué dizes; que las paredes a las oras (palabras) oyen e orejas tienen.  

Aparte de los buenos consejos que nos da Martínez de Toledo, nos hace saber que imaginarse a las paredes con orejas, es de muy antiguo, muchos años antes de que Doña Catalina apareciera en este mundo. Creo que no erramos al decir que el verdadero origen de la expresión las paredes oyen, está en que, desde siempre, a los humanos nos ha encantado el  chisme.

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3 comentarios on “Las paredes oyen”

  1. Anónimo dice:

    Hay tres fuerzas que mueven el mundo: la religión, la ciencia y el chisme…concuerdo contigo 😉

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  2. JORGE VÁZQUEZ MARTÍNEZ dice:

    Estimado Arturo

    Gracias por tu cápsula de la paredes oyen, pues como siempre es un placer leer todo lo que publicas y en esta ocasión, es genial encontrar las raíces de una sentencia que tiene tanta vigencia e intríga como en sus orígenes, pues al decidir a contar un secreto, estamos aceptando implícitamente la posibilidad que deje de serlo, paar convertirse en un chisme. De nueva cuenta, felicidades por la cápsula.

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  3. Anónimo dice:

    Creo que “a las oras” significa “en ocasiones”.

    Un saludo

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