Una de orejas

Por Arturo Ortega Morán

Pensándolo bien, los poetas han sido injustos con las orejas. Han llenado de alabanzas a los labios femeninos, de los ojos han hecho mil metáforas, han llevado a la excelsitud a mejillas,  pómulos, cuellos y hasta mocosas narices han sido dignas de engalanar un verso. Pero las orejas… nada.

En latín eran auris y en diminutivo aurículas;  de ahí, en castellano viejo se dijo oreclas para finalmente quedar en el actual orejas. Estos receptáculos de ondas sonoras, han tenido que conformarse con ser parte de refranes y expresiones poco o nada románticos, aunque siempre con detalles que despiertan nuestro interés. Así lo es un viejo refrán, ya desaparecido, que rezaba: “Si tiene ovejas, aunque no tenga orejas”. Lo decían las mozas que esperaban casarse con alguien cuya fortuna les garantizara una vida holgada, sin importar lo que hubiera tenido que hacer el susodicho con tal de alcanzar tal posición.

Este inocente refrán, oculta un rasgo cultural que se vivió durante la Edad Media española: Era costumbre que cada martes, la gente se reunía en la plaza principal y ansiosa esperaba el momento en que se castigaba a los ladrones que, uno por uno, iban pasando ante el verdugo que con gran eficiencia les cortaba las orejas. Tras cada oreja caída, la multitud gritaba divertida.

Podemos entender ahora el refrán “Si tiene ovejas, aunque no tenga orejas”, en el que tener ovejas” es tener riqueza y “no tener orejas”, habla de que esta se consiguió de manera deshonesta.

Muchos años debió durar la costumbre de desorejar ladrones, porque también dejó huella en otros dichos como: “No hay para cada martes orejas”, que así diría el ladrón que ya desorejado y reincidente, lo volvían a presentar ante el verdugo.

En el habla coloquial, la oreja está muy presente: “oreja” es un espía de poca monta,  “bajar las orejas” es humillarse, “mojar la oreja” es provocar y humillar al prójimo y si te “zumban las orejas”, es porque alguien habla mal de ti a tus espaldas. Abundancia de expresiones, pero ausencia de romanticismo. Por eso digo que los poetas, han sido injustos con las orejas y para remediar en algo ese desprecio, hoy la cápsula no fue de lengua, fue de orejas.


2 comentarios on “Una de orejas”

  1. Gínder Peraza Kumán dice:

    …y hay unas orejas preciosas, por chiquitas, como de ratón, y otras grandes pero tan bellas, como la de la imagen que acompaña su comentario, don Arturo. Y ni se diga cuando uno logra besárselas a ella… ¡Ay! Gracias de nuevo.

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  2. Anónimo dice:

    ¡Ay orejas!. Gracias Don Arturo, de verdad que siempre nos ilustra. Además se ve, que Usted disfruta mucho de su trabajo. Hasta pronto. R. Sánchez

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