La maravilla de mirar

Por Arturo Ortega Morán

estadisticas-e-mail-marketing-700x469En una ocasión, el ilustre filólogo español Valentín García Yebra asistió como oyente a una conferencia. Antes de empezar su disertación, la ponente, queriendo asegurarse de las condiciones acústicas de la sala preguntó: “¿Se me escucha bien?”, a lo que don Valentín contestó “la escuchamos con toda atención, pero no se oye nada”.

Aguda respuesta que deja clara la diferencia entre ambos verbos: Oír es percibir un sonido, mientras que escuchar es poner atención a lo que se oye.

Cambiando al sentido de la vista, ¿habrá también diferencia entre mirar y ver? Hay diversas repuestas a esta pregunta, pero la mejor es la que da la historia. Se adivina una antigua palabra indoeuropea que pronunciarían bocas hace cerca de 8000 años y sonaría algo parecido a *smei cuyo significado sería ´reír, sorprenderse´. Dejó huellas en tierras asiáticas en marichi, voz que en sánscrito significaba espejismo y, muy lejos, en mirage que en francés e inglés significa lo mismo.

Para la gente del desierto, un espejismo era una visión de algo extraordinario, ¡imagínense!, ver algo que parecía estar pero que en realidad no existía, eso era algo para sorprenderse. De la misma raíz, en latín surgió la palabra maraviglia, que en castellano pasaría a ser maravilla ´algo sorprendente´.

Las primeras tres letras de estas palabras ´mar´, en otras voces cambiaron a ´mir´, como en la voz latina miraculum ´hecho sorprendente, extraordinario´  que luego en castellano se dijo miraglo, pero la mala pronunciación peninsular provocó un intercambio de letras (metátesis llaman a este fenómeno los lingüistas) y así nació nuestra palabra milagro.

De la misma familia, habrían de nacer también en latín los verbos mirari y admirari que sirvieron muy bien para expresar el sentimiento de sorpresa que brotaba cuando los ojos se topaban con esas maravillas que hicieron nacer al dicho “¡lo veo y no lo creo!”.  En castellano estos verbos no cambiaron mucho y dieron origen a admirar y mirar. El concepto de sorpresa se conservó en el primero, pero en el segundo se fue oscureciendo con el tiempo.

Es de anotar que la raíz ´mir´, la encontramos también en mirror, que en inglés significa espejo y que fue tomada del viejo francés mireor. Considerando el concepto de ´sorpresa´, podemos adivinar la fascinación que producía a los antiguos ver su imagen reflejada tan fielmente en un objeto.

En otra historia, de *weid, otra palabra primitiva que encerraba el concepto de ´percibir con los ojos, conocer´, en latín nació el verbo videre con el mismo significado. De ahí derivaron voces castellanas como ver ´percibir con los ojos´, revisar ´volver a ver´, aviso ´a la vista´, prever ´ver con anticipación´, visitar ´ir a ver a alguien o a algo´, visionario ´el que ve con claridad´ y vidente ´el que se supone que tiene vista sobrenatural´.

Entonces, ¿es lo mismo ver que mirar? La historia nos ha dado la respuesta, ver es percibir con los ojos, mientras que mirar es fascinarse, maravillarse con algo que se ve; bien puede ser un paisaje, una noche estrellada, una obra de arte o la imagen de una mujer hermosa. En ver hay percepción y en mirar hay emoción. Eso hace una gran diferencia.

Podemos ahora entender a Gustavo Adolfo Bequer cuando escribió: “El alma que hablar puede con los ojos, también puede besar con la mirada”.



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