Parásitos

Por Arturo Ortega Morán

 

¡Hola!

 

De los parásitos, la imagen más común que se tiene es la de un ser horrible que habita y se alimenta a expensas de nuestro cuerpo; no siempre fue así: entre los antiguos griegos, los parásitos eran altos funcionarios que tenían a su cargo la supervisión de las cosechas y la fabricación del pan para las festividades religiosas.
Esto le da sentido al origen de la palabra, que procede del griego “para” que significa “junto a” y “sitos” que significa “trigo, alimentos”. De modo que el sentido implícito de parásito es: “los que están junto a los alimentos”.

En ese entonces, era buen tiempo para ser parásito. En los banquetes era importante tenerlos a la mesa para contar con la bendición de los dioses. Los romanos tomaron de los griegos esta costumbre y esta palabra; y en un principio, siempre procuraban que en los grandes festines no faltaran a la mesa estos honorables parásitos. Pero, como no todo es para siempre; poco a poco la dignidad de estos personajes fue decayendo. De invitados imprescindibles, pasaron a ser invitados normales y terminaron siendo unos incómodos gorrones.
Nada dispuestos a extinguirse, Los parásitos idearon nuevas estrategias para seguir teniendo lugar en las mesas ajenas. Hubo parásitos aduladores, que con halagos exagerados a los dueños de la casa, justificaban lo que se comían. A otros, los llamaban los sufretormentos, que iban dispuestos a sufrir bromas y desprecios de los invitados por tal de compartir el banquete. Además, los había también burlones, que basaban su estrategia en divertir a los comensales con chistes y chascarrillos.
Con la reputación por los suelos, los parásitos tuvieron que salir a las calles a vender su “arte”. En una obra de Plauto, escritor cómico romano de aquellos tiempos, se lee este párrafo que nos da idea de cómo eran las cosas:

¡Vendo frases graciosas. Venid, ofreced! ¿Quién las quiere por una cena? ¿Quién ofrece una comida por ellas? ¡También vendo adivinanzas griegas de las que hacen sudar! ¡Blandas risotadas para cuando se está bebido, agudezas, halagos y regocijos parasitarios! ¡Un parásito vacío para depositar en él las sobras de la comida! Me es necesario vender esto… como sea”.

Para el siglo XVIII, la palabra parásito se incorporó al léxico de la biología para nombrar a los organismos que viven a expensas de otros y en el lenguaje coloquial, a cualquier persona que sin aportar nada, vive a costa de sus semejantes.
¡Qué curioso! En el principio un parásito era un funcionario público y en estos tiempos, salvo honrosas excepciones, muchos funcionarios públicos… vuelven a serlo.

Bibliografía: 1.-  VRBS ROMA – La Vida Pública, José Guillén. 2.- Blog historias con historia