Emitologías

Por Arturo Ortega Morán

Es fascinante como nuestra mente, para poder explicarse el mundo, emprende épicas batallas que no le gusta perder. Con afán busca la historia y si no la encuentra, no tiene problema para inventarla y entonces nacen los mitos. Ha ocurrido en todos los campos del conocimiento y el lenguaje no es la excepción. Entre otras cosas, corren por ahí cientos de curiosas leyendas que tratan de explicar el origen de palabras y expresiones de nuestro hablar. Estas son algunas de ellas:

45294_3Fue el capitán Cook, explorador inglés, el primero que en 1770 dio noticias de un extraño animal que habitaba en Australia y que los indígenas llamaban kangaroo. No se sabe quién, pero algún chistosito inventó que cuando Cook preguntó por el nombre, los nativos en realidad le dijeron “no te entiendo”, que eso significaría kangaroo en su lengua. La jocosa leyenda corrió con suerte y fue capturada por Ripley, el famoso cazador de datos curiosos y, al difundirla, le dio matiz de verdad. Los lingüistas serios siempre pusieron en duda este mito y finalmente, en 1980, R.M. W. Dixon, lingüista australiano, publicó que en una lengua vernácula conocida como  Guugu Yimidhirr, para referirse al canguro usan la palabra ganurru (kangaroo sería una mala pronunciación de esta palabra) y si a eso le agregamos que en ninguna lengua de esa región kangaroo quiere decir “no te entiendo”, es suficiente para poner esta leyenda en su lugar.

Otra antigua historia, parecida a la anterior, trata de explicar el origen del nombre “Yucatán” y es bien sabido que se la debemos a los mismos conquistadores. Fue Hernán Cortés quién primero, en sus Cartas de Relación (1519-1526), escribió:

«Y es de saber que los primeros descubridores de la dicha tierra fueron otros, y no el dicho Diego Velázquez, según adelante parecerá, los cuales, no sabiendo lo que se decían, la intitularon y llamaron Yucatán, porque los dichos primeros descubridores, como llegasen allá preguntasen a los indios naturales de la dicha tierra que cómo se llamaba aquella tierra, y los indios no entendiendo lo que les preguntaban, respondían en su lenguaje y decían “Yucatán, Yucatán”, que quiere decir, “no entiendo”; así los españoles descubridores pensaron que los indios respondían que se llama Yucatán, y en esta manera se quedó impropiamente a aquella tierra este nombre de Yucatán».

Uno pudiera pensar que por antigua y por ser Hernán Cortés quien escribe, así fueron las cosas, pero las investigaciones lingüísticas han desacreditado esta leyenda y más bien apuntan a que Yucatán es un topónimo indígena. Una buena hipótesis es que la palabra sea de origen náhuatl y no maya como pudiera pensarse; ambas lenguas se hablaron en esta región y Yucatán sería  “Tierra de yucas”. Concuerda con que en esa región abundan estas plantas de raíces comestibles; además, en el náhuatl que se hablaba por esos rumbos se solía omitir la “l” en el sufijo “tlán”, por eso Yucatán y no Yucatlán.

testificar

En otro caso, no menos jocoso, para explicar la palabra “testigo” es popular el  mito que asegura que los antiguos romanos, cuando tenían que declarar en un juicio, a manera de juramento se apretaban con la mano derecha los testículos y por eso se dijo “testificar” y de ahí la palabra “testigo”. Pobres romanos si así hubiera sido y que injusto para las romanas que por naturaleza quedarían excluidas de tal acto. La verdad es que no hay ninguna evidencia que soporte esta creencia y, más bien, los estudiosos dan el origen de “testigo” al numeral tres (el tercero en un juicio). La palabra seguiría la siguiente evolución: *tristis (el tercero)> *terstis > testis y de esta raíz todos los derivados: testigo, testificar, testimonio, etc.

Sobre la voz cadáver, ya en tiempos de la Roma antigua se le daba origen en la frase latina CAro DAta VERmibus, que significa “Carne dada a los gusanos”. Se dice que los romanos escribían esta tétrica frase en los sepulcros y de las dos primeras letras de cada voz se formaría la palabra. Buena ocurrencia, pero la realidad es que no se ha encontrado ninguna evidencia que respalde este decir. Lo cierto es que la palabra cadáver derivó del verbo cadere (caer) y, literalmente, un cadáver es ´un caído´. ¡Vaya!, entonces cuando en México decimos “caite cadáver”… sí que caemos en una redundancia.

La preocupación por encontrar el origen de las palabras es de muy antiguo, por eso, para referirse a las historias verdaderas los griegos acuñaron la palabra etimología (de etymos=verdadero y logos=palabra). A mí me ha parecido bien que si las historias verdaderas son etimologías, a las historias que son mitos les digamos… emitologías.

 

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