La pericocha

Por Arturo Ortega Morán

Artículo propiedad de Instituto Cervantes, publicado en la sección Rinconete, 25 de noviembre del 2004
Agonizaba la década de los sesenta y agonizaba también mi infancia cuando llegué a la ciudad de Monterrey, en México. Todavía me alcanzó para dejarme sorprender por un juego extraño para mí. Lo jugaban en la calle unos niños, que al notar mi interés, no dudaron en invitarme a jugar a la pericocha. Se jugaba con un palo corto, de extremos puntiagudos; y uno más largo que se usaba, en algunas jugadas, a manera de bate de beisbol.

Viví la mayoría de mi infancia en la capital mexicana, en donde no conocí juego parecido a la pericocha. Por eso, siempre pensé que era original de las tierras del noreste. Parecía así confirmarlo el que la palabra solo apareciera recogida en «Léxico del noreste de México» de Ricardo Elizondo.

Fue sorpresivo saber de un juego llamado la pítila, similar a nuestra pericocha, tradicional de Navas de San Juan, un pueblo español al norte de Andalucía. De la pítila se dice:

Era uno de los juegos más populares entre niños y muchachos. Se necesitaban dos palos, uno de unos quince centímetros de largo, con los extremos afilados en punta, al que había que golpear con otro palo más largo. La forma de jugar era colocar el palo más corto o pítila en el suelo, golpear a este en uno de los extremos haciéndolo elevar un tanto y tratando de golpearlo en el aire, lanzándola lo más lejos posible, mientras se gritaba pitiliuna. Se repetían sucesivos golpes, repitiendo pitilidos, pitilitres ymáquines. El jugador marcaba la posición que había alcanzado o bien la medía con el palo largo, pasando el turno al siguiente jugador. Ganaba el juego el que conseguía llegar más lejos, pudiendo imponer al perdedor que le llevara a cuestas a la distancia que se determinara de antemano.

Este hallazgo, fue tan solo la punta del iceberg. Al empezar a escarbar, fueron apareciendo variantes del juego, aunque con diferentes nombres, en diversas regiones de España. En Asturias aparecen nombres como: la birya, el  palichu y el piquele. En la provincia de León, le llaman la bigarda y en Cataluña el lápiz. También aparece en Perú, donde le llaman palillo chino. Todos tienen en común un palo largo que se usa para golpear a un palo corto de puntas afiladas.

Ahora tengo claro que la pericocha es una variante de los ancestrales juegos de palos europeos que, de alguna manera, llegó a las tierras norteñas de México. Y, ¿de dónde surgió el nombre pericocha? No lo sabemos, pero, tal vez las variantes asturianas del juego pueden darnos una pista.

En Riosa, el juego se conoce como saltamarrana. Este nombre parece lógico si consideramos que marrana (derivada del francés merraim, del latín materiamen) también significa ‘madero, palo’. Muy diferente es marrana, que denomina a la hembra del cerdo, y que se deriva del árabe mahrán con el significado de ‘prohibido’.

Por otro lado, en tierras asturianas, quedó que de la voz goch usada para llamar a los cerdos a estos los llamen gochos. Por un cruce de significados, en el juego llamado el palichu, al palo pequeño (la marrana que salta), también la llaman gocha. No sería extraño que en algún momento, al juego se lo llamara algo así como la paligocha. Si esta variante es la que llegó a tierras norteñas, en México, por adaptación fonética, paligocha bien pudo convertirse en pericocha, pero… es tan sólo una conjetura.

La pericocha ya no es juego para los niños de hoy; la hemos perdido. Ahora es un juego de fantasmas, los niños de ayer, que para divertirnos no dependíamos de poseer la última novedad de la electrónica. Y, no por eso, éramos menos felices.

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