El origen de “dios”

Por Arturo Ortega Morán

No es coincidencia que las palabras “día” y “dios” se parezcan.

Uno de nuestros primeros miedos, es la sensación de desamparo que nos provoca la oscuridad. Es la memoria de nuestros ancestros que, temerosos y entumecidos por el frío, vivían las noches acechados por los depredadores nocturnos. Puedo imaginarlos alegres y agradecidos cuando se asomaba el sol, el protector, que con su luz y calor los reconfortaba, olvidando por unas horas  los  demonios de la oscuridad… hasta que volvía a caer la noche.

No es coincidencia que las palabras “día” y “dios” se parezcan. En el lenguaje está contada esta historia. Las dos proceden de *dyew, antigua voz para nombrar a la luz diurna. Es que para aquellos pueblos que hablaron así no había diferencia, la luz era dios y dios era la luz y ambos eran el sol. Mucho caminaron estos hombres, unos llegaron hasta las más frías regiones de Europa mientras otros buscaron la calidez de las tierras asiáticas. Su huella se adivina en las lenguas que nacieron en estos lugares y que hoy nos parecen tan distantes.

Para hablar de la luz del día, en sánscrito se dijo diva, en viejo irlandés die, en galés dydd, en bretón deiz, en lituano dievs, en cretense día y en latín dies. El agudo lector ya se habrá sorprendido con el parecido entre estas palabras habladas en regiones tan lejanas unas de otras. Para resaltar su relación con la divinidad, sirve un refrán que pensamos fue viajero en esta historia: “Dios nos dio dientes, Dios nos dará pan”. Lo encontramos en sánscrito “Devas adat datas, Devas dasyati dhanas”, en lituano “Dievas davė dantis, Dievas duos duonos” y en latín “Deus dedit dentes, deus dabit panes”.

Devas, Dievas, Deus y Dios… palabras que en diferentes lenguas nombran a la divinidad y que guardan gran semejanza fonética con día, sin duda son prueba del arcaico origen común de estas voces.

En latín, nuestra lengua madre, de *dyew se acuñaron las variantes deus y divus para referirse a lo divino y dies para nombrar a la luz, a la claridad. De estas semillas, empezaron a brotar palabras.

De divus nos quedaron: divino, diva, adivino, adivinar, todas ellas, palabras relacionadas en principio con la divinidad. De *dyew-pyter (dios padre), se dijo Iupiter que hoy decimos Júpiter para referirnos al dios principal del panteón romano. Para hablar de las cosas de este dios, en latín se decía Iovis (de Júpiter) y esto es relevante porque de Iovis dies (día de Júpiter) nos quedó jueves, el día de la semana dedicado a esta deidad. Además el adjetivo jovial ´alegre como Júpiter´, que así se imaginaron los romanos que era este dios.

De dies ´luz del día´, en castellano se dijo día y de ahí sus derivados: diario ´lo que es de todos los días´, diurno ´en oposición a lo nocturno´, jornada ´lo que dura un día´ y jornalero ´el que trabaja por jornadas´. También es origen de Diana ´la brillosa, iluminada´, nombre que los latinos dieron a la luna a la que consideraban una deidad. También diana es el toque militar que despertaba a los soldados al amanecer, justo cuando se asomaba la luz. La frase latina hoc-dies ´en este día´ en sucesivas y lentas descomposiciones nos dio la palabra hoy (hoc-dies>hodie>hodi>hoy).

Con el cristianismo, llegó a Roma el dios de los hebreos, Yavé o Jehová, pero el latín ya tenía una palabra para referirse a la deidad y con ella fue nombrado: Deus… que nosotros decimos Dios.

No intento enredarme en los misterios de la teología, esa es harina de otro costal. Pero sí en los misterios del lenguaje y en este sentido, ha sido placentero este viaje por la historia para ir en busca del origen de “dios”. Espero que lo hayan disfrutado tanto como yo. Adiós.

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