Las puentes

Por Arturo Ortega Morán

Parque de Las Arboledas, en la Colonia Las Puentes

Hay en  el norte de México, en el municipio de San Nicolás de los Garza, una colonia a la que llamamos Las Puentes. En otro tiempo fue tierra fértil, que generosa proveía abundantes cosechas y tupidos pastizales que hacían florecer la ganadería. Arroyos cantarines escurrían desde un ojo de agua que brotaba en algún lugar de lo que hoy es la vecina colonia Cuauhtémoc. Sobrevivientes de aquella fertilidad, hoy extinta, son los viejos árboles que nostálgicos subsisten en un gran parque llamado “Las Arboledas”.

“Las Puentes”. Nombre que al escucharse por primera vez, no es raro creer que se trata de un error, y que debería de ser “Las Fuentes”, o en todo caso “Los Puentes”,  ya que hasta donde se sabe, estos son “muy hombrecitos”.

Donde hay arroyos, se hacen puentes para atravesarlos. Así debió ser en este lugar y los que aquí se hicieron, han de haber sido de notarse, porque cuando en siglos pasados se construyó una hacienda esta se llamó: “Hacienda las Puentes”, nombre que habría de perpetuarse en las actuales colonias nicolaítas. Pero, ¿por qué “Las Puentes”?

En español antiguo, había gran preferencia por asignar a “puente” el género femenino. Sirva decir que así lo empleó el mismo Cervantes. En el capítulo XVIII de “El Quijote”, el hidalgo y su escudero divisan desde una loma dos rebaños de ovejas y carneros que “a don Quijote se le hicieron ejército”. Y, al punto, comienza a nombrar a los integrantes del uno y del otro escuadrón:

 “Aquel caballero que allí ves de las armas jaldes, que trae en el escudo un león coronado, rendido a los pies de una doncella, es el valeroso Laurcalco, señor de la Puente de Plata”.

Este rasgo también se ha guardado en antiguos refranes; uno de ellos:

 “Septiembre, o seca las fuentes o se lleva las puentes”.

Y también lo encontramos en el apellido “La Puente” –¿recuerdan al famoso entrenador de fútbol en México?- En 1737, el Diccionario de Autoridades, definía:

  “Puente: Fábrica de piedra o madera, que se construye y forma sobre los ríos, fosos y otros sitios que tienen agua para poder pasarlos”.

En este diccionario, la palabra se clasificaba como ambigua,  y aunque se prefería la forma “la puente”, ya había quien prefería decir “el puente”. Por esas extrañas fuerzas que hacen evolucionar al lenguaje, la forma femenina “la puente” se fue poco a poco abandonando y ahora ya todos decimos “el puente”.

Hoy, ya no más arroyos; ya no más sembradíos; ya no más puentes. Hoy sólo asfalto; hoy sólo máquinas humeantes y un nombre que es recuerdo de un escenario perdido y de una forma vieja del lenguaje…“Las Puentes”.