Ecos de la esclavitud

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Por Arturo Ortega Morán

El siglo X, no fue nada agradable para el pueblo eslavo. Las huestes romanas les echaron el ojo y a una gran parte de ellos, los tomaron como trabajadores sin goce de sueldo. A tal grado fue el asunto, que la voz eslavo, modificada a esclavo, quedó para nombrar a quienes se convertían en propiedad de un gran señor.

La cosa no terminaba ahí, porque en el momento en que los eslavos eran capturados para convertirlos en esclavos, se elegía un sitio y ahí se clavaba una lanza; y al pie de ella, se colocaban todas las pertenencias de los recién reclutados para ofrecerlas al mejor postor entre los soldados romanos. De ahí nació la palabra subasta, que justo significa “bajo el asta, es decir: bajo la lanza”; voz que aún usamos con un significado muy apegado a su origen.

Buen negocio era para los señores eso de comprar esclavos, porque cuando estos se apareaban, en pocos meses nacían esclavitos que se agregaban a sus propiedades. Al esclavo que nacía en casa, lo llamaban verna y en diminutivo vernáculo. Viene a significar algo así como: ´de la propia cosecha´. Esta palabra se desligó de la esclavitud y hoy la usamos para referirnos a rasgos que son propios de un pueblo o país (por ejemplo decimos: música vernácula, etc.).

Para el esclavo no todo estaba perdido, con un poco de paciencia, podía ir juntando un dinerito que en cierto momento le permitía comprar su libertad, o si no, esperar a que el amo se compadeciera y se la otorgara; aunque sólo fuera porque ya demasiado viejo, le salía más caro mantenerlo que liberarlo. En la España medieval, cuando algún esclavo  conseguía ser libre, le daban su certificado de libertad al que llamaban carta de horro, voz derivada del árabe hurr que significa justamente libre. De ahí nos quedó la preciosa palabra ahorro, ya que horro también se aplicó al dinero que se liberaba de aquello para lo que se le tenía destinado (una deuda, un gasto, etc.).

Parece que cuando hablamos de esclavitud, lo hacemos de una historia muy vieja y muy lejana. Pero aún sigue ahí: con otros nombres, clandestina, pero más cerca de nosotros de lo que podemos creer.

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