Cuatro santos que son uno

Por Arturo Ortega Morán

Al Misterio de la Santísima Trinidad, que por sí solo se basta para fundir nuestras neuronas, ahora se agrega el misterioso caso de los cuatro santos que son uno.

Nos referimos a San Jacobo, San Santiago, San Jaime y San Diego. La ventaja es que, mientras el primero es un misterio teológico, el segundo es un nudo lingüístico que está a nuestro alcance deshacer.

Muy popular entre los hebreos debió ser el nombre Yaakov. Así se llamó uno de sus patriarcas, hijo de Isaac, citado en el Antiguo Testamento. También, dos de los apóstoles de Jesús se llamaron así. En castellano nos referimos a ellos como Santiago el Mayor y Santiago el Menor.

Hay la creencia de que, el primero, anduvo predicando por tierras españolas y que fue sepultado en tierras gallegas. De ahí nació un fervor religioso que ya cuenta más de mil años y que ha motivado peregrinaciones a través de un largo tramo conocido ahora como Camino de Santiago. Son ochocientos kilómetros que van desde Somport, un lugar en lo alto de Los Pirineos, hasta Compostela en donde se supone reposan los restos del apóstol.

Este hecho ha dado especial fama a este santo, cuyo nombre, a través del tiempo, ha sido pronunciado por miles de bocas en muchas regiones, dando origen a diferentes variantes.

El nombre hebreo Yaakov fue adaptado al griego como Iakóbos y al latín como Iacobus. En castellano se dijo Jacob y Jacobo. En latín medieval, Iacobus se transformó en Jacomu, de donde, en la región oriental de la península ibérica surgió la forma Jacme. La “c” de Jacme se vocalizó dando en Cataluña origen a Jaume y, en Aragón, a Jaime.

Mientras tanto, en la zona occidental de la península, a la que pertenece Compostela, el latín Jacomu se convirtió en Yago y Yagüe. De tanto repetir Sant-Yago, resultó el nombre Santiago. Algunos autores ubican la aparición de este nombre en la edad media.

Después, por falso corte (San-Tyago), nació la variante Tiago, que aún se escucha en Portugal. De Tiago, fue fácil que naciera “Diago” y “Diego”, del que nacerían los patronímicos “Díaz” y “Díez”. Esta es la historia del misterio:

[Yaakov>Iacobus>Jacobo],

[Yaakov>Iacobus>Jacomu>Jacme>Jaime],

[Yaakov>Iacobus>Jacomu>Yago>Sant-Yago>Santiago],

[Yaakov>Iacobus>Jacomu>Yago>Sant-Yago>Santiago>Tiago>Diego]

Así que, ya ves, también el lenguaje hace milagros. Hasta dar origen a cuatro santos que  son uno.