Origen de la palabra “huachicolero”

Por Arturo Ortega Morán

No somos dos, ni tres los que estamos al pendiente de lo que escribe Juan Villoro. Su magnética pluma atrae a miles. Por eso se levantaron olas de curiosidad en las redes sociales cuando, en su reciente artículo “Prohibido pastar”, contó que viajando con un amigo rumbo a Xalapa, se le atravesó en la carretera la palabra “huachicolero”. Así lo escribió:

«En el trayecto nos topamos con una novedad de la vida mexicana. Cerca de Puebla nos desviaron porque la carretera había sido tomada para protestar contra los huachicoleros. Al Doc no le sorprendió que hubiera ladrones de combustible; lo que le llamó la atención fue la palabra “huachicolero” y quiso conocer su etimología. No supe qué decirle. Su respuesta me redujo al silencio durante los siguientes cincuenta kilómetros: “Tú te dedicas al lenguaje, ¿no?” ».

Ni hablar, ese silencio “villoriano” de cincuenta kilómetros, se convirtió en tarea para mí cuando algunos tuiteros me endosaron el enigma… bien que conocen mi debilidad.

La historia me llevó muy lejos, hasta la época en que en Europa reinaba el latín y, en esa lengua, ´aquatio´ significaba ´aguado´.

En italiano, la palabra se fue descomponiendo (aquatio>quatio>guatio>guazzo) hasta dar la voz “guazzo” que significa lo mismo: ´aguado´.

Ya en la primera mitad del siglo XVI, hay registros de la expresión “a guazzo” para referirse a cierta técnica en la pintura. A Francia llegaría a mediados del siglo XVIII y ahí la fonética gala la convertiría en “gouache”, sin dejar de guardar el concepto de ´aguado´ y es que esta técnica de pintura se caracteriza por eso, por manejar colores diluidos en agua, pero de apariencia sólida y no transparente como en la acuarela.

En el siglo XIX, muchos galicismos (palabras del francés) se colaron al español y entre estos, llegó “gouache”. En México ya lo encontramos en un texto de El Universal del 6 de diciembre de 1896:

«Hay semanas tan pobladas de asuntos, tan llenas de variedad y de color, que se representan en la mente como el vasto salón de un museo de pinturas, de cuyos muros penden desde el cuadro mural de la pintura histórica hasta el frágil país de abanico pintado a la “gouache” por un frívolo decorador».

Y para demostrar que la palabra se conocía y se usaba en el occidente de México, sirve un párrafo de la edición del 21 de junio de 1926 de El Informador, periódico tapatío:

«…se han sujetado los alumnos al siguiente programa: dibujo a mano libre, preparación de colores, decoración con “gouache”».

Del concepto de preparar pinturas “a la gouache” (pronúnciese “a la guach”), es decir, diluidas en agua, el “populus” hizo metáfora y se inventó una jocosa palabra: “guachicol” (alcohol aguado) para referirse al tequila, aguardiente o cualquier bebida espirituosa que los vivaces diluían en agua para aumentar las ganancias. Así que los primeros “guachicoleros” fueron los que adulteraban las bebidas alcohólicas.

En El Informador del 21 de febrero de 1994, un artículo que diserta sobre la calidad del tequila, cita a Francisco González García:

«Mientras yo estuve de alcalde en Atotonilco, no se vendió ni un litro de “huachicol”».

Pasó después que, algunos que comerciaban con combustibles, también vieron que era redituable  diluir en otras sustancias sus productos y empezaron a vender gasolina y petróleo “guachicoleados” o “huachicoleados”, la ortografía es lo de menos, lo de más es que estaban adulterados. Así, la palabra se relacionó con estos hidrocarburos y los modos ilegales de tratar con ellos. Suficiente para que, en un siguiente brinco, la palabra olvidara su origen ´aguado´ y adoptara los atributos de ´hidrocarburos ilegales´, pasando así “huachicolero” a nombrar a los criminales que, impunemente, ordeñan los ductos de PEMEX y están dispuestos a matar a quien trate de impedirlo.

Así es la historia de una palabra que inició su viaje en la antigua Roma, pasó por Italia, luego Francia y de ahí a este México lindo donde, la inocencia de lo aguado, mutó al significado perverso del robo artero de combustible. Hay palabras que cruzan el pantano y no se manchan… Esta sí.

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