Errar es humano

Por Arturo Ortega Morán

migrantes“Errar es humano”, nadie pone en duda esta verdad universal. Desde los albores de nuestra especie vivimos metiendo la pata y no se ve que esto vaya a cambiar algún día. Pero, enfoquémonos mejor en el verbo errar, cuyo origen no está en el error, desciende de la antiquísima y teórica palabra *ers que encerraba el concepto de ‘estar en movimiento’. De ahí, el latín acuñaría el verbo errare, con el significado de ‘vagar, deambular sin rumbo, andar errante’.

En el mismo latín, se consideraba que vagar era apartarse del camino o lugar seguros, y por eso errare también tomó el sentido de ‘equivocarse, tomar una mala decisión’. El verbo llegó al castellano como “errar”, ya cargado de ambos significados: el original “vagar” y el metafórico “equivocarse”.

Las metáforas no nacen de la nada, son hijas de lo que se vive. Debió suceder que las más veces, quien decidía agarrar monte para ir en busca de nuevos horizontes, terminaba siendo la cena de algún depredador o en mejor caso como esclavo de otras alimañas humanas. Los riesgos eran muchos y por eso nació la idea de que errar… era un error.

La errancia humana es ancestral, había que ir tras el alimento siguiendo las migraciones de los animales que cazaban, había que ir en busca de fuentes de agua cuando otras se secaban, había que ir a lugares más seguros para escapar de las amenazas de otras tribus. Había que errar… solo por curiosidad, para saber lo que existía más allá del horizonte. Así los humanos nos fuimos extendiendo por casi todos los rincones del planeta.

Hace siglos, en el norte de África, existió un pueblo conocido como los númidas. Por su actividad ganadera, no tenían un lugar fijo para vivir; cuando se agotaba el pasto se iban a buscar otras tierras verdes. De su nombre, númidas, los griegos acuñaron la palabra nómada, que hoy usamos para nombrar a quienes viven errantes y no echan raíces en ningún lugar.

Otros personajes errantes son los peregrinos, nombre que les viene del latín peregrinus, voz derivada de “per – agrare”, literalmente, “ir por los agros, es decir, los campos”, la misma raíz que encontramos en Agronomía y agricultor. En Roma, los peregrinus primero fueron los extranjeros, que habían llegado por los campos y luego los viajeros romanos que salían a otras ciudades por diferentes motivos. Al instalarse el cristianismo, los peregrinos fueron entonces quienes viajaban a los santos lugares y a estos viajes los llamaron peregrinaciones.

En estos tiempos de modernidad, los llamamos migrantes. Su existencia prueba que la necesidad de errar no ha desaparecido. La falta de trabajo decoroso, la inseguridad, la carencia de oportunidades, los hacen dejar sus lugares para ir en busca de una Tierra Prometida que nadie les prometió. Pero la metáfora mantiene una espeluznante actualidad, para algunos, errar es su más grande error; su viaje termina con un suspiro en la soledad ardiente de un desierto, en un encuentro fatal con sicarios que los reclutan o los matan; o en una jaula, separados de sus hijos, como preludio de una humillante deportación que los hace retornar a sus lugares en peores condiciones que como se fueron.

A pesar de todo, moverse es inevitable, está en nuestra naturaleza. De no ser así, lo más probable es que nuestra especie no hubiera sobrevivido. En sus dos sentidos… errar es humano.

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